Por su parecido,se confunde a veces el Aloe Vera con la família de los cactus. En realidad se trata de una liliacea. Crece
en Africa, America central y del sur y en la zona del Mediterráneo donde el clima es caluroso y seco en verano y suave en
invierno.
La planta acostumbra a alcanzar una altura de 60 a 90 cm. La planta necesita de unos 4 a 5 años para desarrollar completamente
todas sus sustancias en sus hojas. De sus carnosas hojas se gana el zumo de Aloe Vera.
Cuando se hace un corte en una hoja de Aloe Vera puede observarse lo rápido que la planta se cura. Primero emerge un poco
de líquido de la zona del corte, tras unos minutos se estabiliza formando una piel, tras otros pocos minutos se ha endurecido
de tal manera que la herida casi ni se observa.
También es asombroso el largo tiempo que la planta sobrevive tras haberla sacado de la tierra. También sobrevive largas épocas
de sequía sin sufrir daños.
Aloe Vera, la planta milagrosa de la Antigüedad
desde hace ya miles de años se conoce esta planta de la família de las lilaceas por su enorme capacidad de aportar hidratación
y por sus efectos curativos. El Aloe Vera llegó a ser símbolo de inmortalidad. Bellas mujeres como Nofretes y Cleopatra cuidaron
y mantuvieron su hasta hoy reconocida belleza incluso bajo el ardiente Sol de Egipto con el puro zumo de Aloe Vera.
Aloe Vera, hoy todavía un fenómeno
hoy se sabe,que ninguna otra planta contiene más sustancias regeneradoras, por ejemplo las vitaminas A, B, C y E, muchos minerales, aminoácidos,
enzimas y valiosos polisacáridos. Las más de 160 (!) sustancias del Aloe Vera constituyen por un lado un complemento dietético
para la regeneración interna del organismo y por otro lado, en nuestros preparados cosméticos, estimula la regeneración natural,
el metabolismo y la irrigación de los pequeños capilares de la piel. Así la planta actúa también por fuera cuidando, protegiendo
y regenerando.